CONDUCTAS DE RIESGO EN LA ALIMENTACIÓN
La adolescencia es uno de los
momentos de la vida donde se hacen más evidentes ciertos cambios que requieren
una respuesta personal, consciente y responsable. Se va conformando la
identidad, se amplía el campo de las relaciones interpersonales y se van construyendo
ideas respecto de "cómo somos y cómo nos ve el mundo", aspectos que
se traducen en los valores, decisiones y comportamientos diarios.
Un punto importante de este
desarrollo es la maduración física que tiene lugar durante estos años. Los cambios
corporales del adolescente hacen que este centre su atención y preocupación en
ellos y dedique un tiempo mayor al cuidado físico y a la imagen personal. La
nueva imagen corporal marcará, en muchos casos, las relaciones con los
compañeros de ambos sexos. La imagen y la percepción del cuerpo contribuyen a
la valoración de ti mismo(a)
En la actualidad, a nivel mundial se
puede observar una creciente preocupación por el aspecto físico, principalmente
en la población adolescente urbana comprendida entre los 13 y los 18 años. Este
aumento del cuidado de la imagen externa y el deseo de tener cuerpos esbeltos
se debe, entre otros factores, a la influencia de los medios de comunicación,
especialmente de la televisión e Internet con los distintos tipos de redes sociales.
Algunas veces, ello provoca que el adolescente asuma decisiones riesgosas sobre
sus hábitos alimenticios y se desencadene un cuadro clínico conocido como
"trastorno o desorden alimentario", el mismo que trae consigo numerosas
consecuencias físicas y emocionales que, en casos extremos, pueden llevar hasta
a la muerte.
¿QUÉ SON LOS TRASTORNOS O DESÓRDENES ALIMENTARIOS?
La preocupación por el peso y la
figura está en la mente de casi todas las personas, independientemente de su
edad. Esto, no obstante, no significa que todos tengan un desorden alimentario.
El desorden alimentario existe cuando la preocupación por la comida y el peso
se vuelven el centro de la vida de una persona. Así, el trabajo, los estudios,
las actividades cotidianas y la experiencia de sentirse bien emocionalmente
están determinados por lo que se comió o no se comió, o por los kilos que marca
la balanza.
La persona que padece un desorden de
la alimentación puede comer, no porque realmente esté con hambre, sino porque
de esa manera bloquea momentáneamente sentimientos dolorosos, calma la ansiedad
y baja su tensión. Puede también dejar de comer, no porque se sienta llena,
sino porque de esta manera siente que ejerce control sobre sí misma. Esta
necesidad, generalmente, va unida a la sensación de no ser capaz de tomar las
riendas de la propia vida o de no poder decidir, desde cosas muy simples y
cotidianas hasta metas personales y un proyecto de vida.
En algunas situaciones, los
adolescentes se perciben incapaces de cumplir con ciertas exigencias o
expectativas de su medio, ya sea generadas por sus padres u otras situaciones
sociales. Pensarse y/o sentirse "incapaz" de controlar y responder a
tales situaciones puede ser lo que desencadena un trastorno de la alimentación.
Actualmente, se hace cada vez más
frecuente, especialmente en zonas urbanas de nuestro país, la aparición de dos
tipos de desórdenes alimentarios: la anorexia y la bulimia.
La anorexia
Se caracteriza porque quienes la
padecen casi no comen, para mantener un peso por debajo del ideal para su
talla. Tienen miedo de subir algunos kilos y se ven gordas a pesar de estar muy
delgadas. Este mal puede iniciarse en la adolescencia o incluso antes. El 90 %
de personas afectadas son mujeres.
La bulimia
Se le reconoce usualmente por los
llamados "atracones", es decir, se ingieren grandes cantidades de
comida en un corto periodo de tiempo. El atracón es seguido por un intento de
librarse de la comida y las consecuentes calorías, a través de lo que se conoce
se conoce como "purga". En algunos casos, aunque no haya ocurrido el
atracón, la persona siente la necesidad de deshacerse de lo que ha comido. Al
hablar de purga nos referimos a provocarse vómito y también al uso de laxantes,
diuréticos, al ejercicio extremo o a cualquier otro comportamiento que tenga la
intención clara de eliminar lo ingerido.
El peso no es un criterio para decir
a simple vista que alguien tiene un trastorno de la alimentación. Las personas
bulímicas, por lo general, tienen unos kilos de más o unos kilos de menos. No
obstante, a diferencia de las anoréxicas, se encuentran dentro del rango normal
del peso
Factores que predisponen a estos trastornos
Entre los más importantes factores
de riesgo señalados por algunos estudios, se encuentran:
♦ Exigencias autoimpuestas muy
altas.
♦ Inseguridad personal.
♦ Valoración personal dependiente de
las apreciaciones ajenas.
♦ Baja autoestima.
♦ Estado de ánimo depresivo.
♦ Sexo femenino.
♦ Edad entre los 14 y los 18 años.
El someterse a dietas extremas, sin
ningún control médico, constituye indudablemente una conducta de riesgo.


